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Los testamentos medievales aragoneses constituyen un soporte documental de gran riqueza informativa para estudiar los comportamientos sociales y mentales de nuestros ancestros ante la vida y la muerte. El afán de los poderes civiles y eclesiásticos por generalizar el uso del testamento en el Occidente medieval cristiano se vio reforzado en Aragón por el Derecho Foral, que potenció la libertad de testar de todos los regnícolas, mediante fórmulas como el testamento mancomunado o el testamento ante capellán, extraños en otros ordenamientos jurídicos de la época.

La prevalencia de las disposiciones espirituales y religiosas sobre el acto jurídico de transmisión de bienes conforma una extraordinaria fuente de información sobre el desarrollo de las actitudes ante la muerte –la ajena y sobre todo la propia– de los aragoneses del siglo XV.

A través del análisis pormenorizado de más de un millar de testamentos, la autora aborda los condicionantes socioculturales que empujan al testador a hacer balance de su vida y, en un acto íntimo y personal, a diseñar su propia estrategia de salvación eterna. Para ello, los aragoneses y las aragonesas del otoño medieval contaron con un complejo entramado de rituales, gestos y prácticas que aunaban tradiciones ancestrales con nuevos comportamientos surgidos de la evolución de las concepciones sociales, culturales y religiosas.

La autora recoge en las primeras páginas de su libro una acertada frase de la medievalista argentina Susana Royer de Cardinal (1992) que enmarca la investigación realizada:

 “Estudiar la muerte no es un hecho triste. Es estudiar la vida”. 

          

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